domingo, 23 de septiembre de 2012

COMUNIDAD CRISTIANA Y COMUNIDAD CIVIL (5)



La libertad comprometida de la Iglesia


Esta corresponsabilidad no significa tener que representar y defender una teoría propia referente a la estructura y sustancia del estado: la Iglesia no está capacitada para ello.

El ejercicio de la corresponsabilidad significa que la Iglesia busca humanamente la mejor forma de estado, pero lo hace consciente de los límites de cualquier realización humana en este dominio. Y lo que es decisivo: ante todas las concepciones políticas del momento tiene el deber, dado que anuncia el Reino, de hacer valer sus esperanzas y sus preguntas. Ante todas las realizaciones políticas, porque ninguna de ellas se identifica con el Reino, la Iglesia espera la "ciudad que tiene fundamento sólido porque Dios es su arquitecto y constructor" (Hebreos 11:10) y se confía a la Palabra que lo sostiene todo, incluso las realidades políticas.

De este modo la Iglesia es libre ante todos los sistemas políticos. Sólo así se puede responsabilizar de la forma y realidad de la comunidad civil en un sentido muy preciso. Al preguntarse qué quiere ante Dios en el plano político ejerce su corresponsabilidad política. En cada caso concreto, utilizando como criterio el conocimiento que tiene de su Señor, Señor de toda la realidad, ha de "discernir" entre el estado justo y el injusto, entre orden y arbitrariedad, entre poder y tiranía, entre libertad y anarquía, entre comunidad y colectivismo, entre derechos de la persona e individualismo. Según el juicio que se haya formado podrá escoger y querer determinado régimen y rechazar otro, comprometiéndose por uno y oponiéndose al otro. Tal actitud de discernimiento, juicio, elección, compromiso y decisiones prácticas define la corresponsabilidad política de la Iglesia: es así como la Iglesia se "somete" a la comunidad civil.



Fin del artículo

COMUNIDAD CRISTIANA Y COMUNIDAD CIVIL (4)



CORRESPONSABILIDAD POLÍTICA



Con todo, es totalmente necesario que la Iglesia se mantenga siendo lo que es. No podría resultar nada bueno para la comunidad civil si la cristiana intentara disolverse en el seno del estado, renunciando a su misión particular: el anuncio de la soberanía de Jesucristo y la esperanza del Reino que viene. Anuncio que la comunidad civil tiene absoluta necesidad de oír, porque no puede dar respuesta a las "grandes preguntas" y porque, en definitiva, no puede afrontar airosamente la bybris humana y el caos consecuente. En lo que a esto respecta no puede menos de reconocer que la palabra y la ciencia última están en otro lugar.

Por otra parte es imposible que la comunidad cristiana deje de existir: los hombres no podrían ya oír la voz que proclama, en última instancia, la única esperanza y el socorro último del que tienen absoluta necesidad.

Por esto la comunidad cristiana participa en la civil en la medida en que cumple su tarea propia fielmente: al creer en Jesucristo y anunciarlo, reconoce y proclama al que es Señor del mundo y de la Iglesia. Y sus miembros no pueden dejar de actuar en conformidad con su actitud de fe, de amor y de esperanza. En el marco de la comunidad civil la Iglesia es solidaria del mundo y debe practicar decididamente esta solidaridad. Ora por el mundo y se hace por esto responsable de él. Ora por la ciudad y por esto obra en favor de la ciudad, "sometiéndose" a ella, es decir, corresponsabilizándose (Romanos 13:1).



COMUNIDAD CRISTIANA Y COMUNIDAD CIVIL (3)

Relaciones positivas entre Iglesia y estado


No podemos contentarnos con subrayar las diferencias: los elementos de la comunidad civil son también elementos constitutivos de la cristiana. La misma palabra ekklesía está tomada del ámbito político y hay también un "estatuto legal", un "derecho eclesial" con fuerza obligatoria, que sin tener fin en sí mismo, ha de ser erigido en la Iglesia como signo en el mundo del señorío de Cristo; la comunidad cristiana vive como politeia con sus autoridades y funciones propias. Pero lo decisivo radica en esto: la Iglesia tiende, como "luz del mundo", a dirigirse a todos, y es por todos que ha recibido su mensaje. Porque Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, la Iglesia ora también en favor de los "reyes", es decir, de aquellos que tienen determinadas responsabilidades en el ámbito ciudadano. En este sentido la existencia de la comunidad cristiana en lugar de ser apolítica es, sobre todo, política. Más aún, según el NT el objeto de la promesa y de la esperanza cristiana no es una Iglesia eterna sino una Ciudad (Ap 21, 2. 24; Flp 3, 20), la basileia de Cristo (Mt 25, 31). Si esto es así ¿podemos disimular el alcance político de la Iglesia?

Por otra parte, la comunidad cristiana conoce por qué es necesaria la existencia de la comunidad civil. Sabe que los hombres tienen necesidad de "reyes", es decir, de seres colocados bajo un orden legal, relativo y provisional, protegido por una autoridad y poder superiores. Es verdad que la Iglesia conoce la forma auténtica de este reino original y definitivo que se manifestará en el reino eterno de Dios y en la eterna justicia de su gracia: es el objeto de su anuncio. Ahora bien, precisamente por este saber del Reino manifestado en Jesucristo le es dado conocer la vastedad del orgullo humano y sus terribles consecuencias. Sabe de la peligrosidad del hombre y qué amenaza es para sí mismo. La Iglesia conoce al hombre pecador, es decir, al ser que es capaz de abrir las esclusas del caos y la nada y de dar fin al tiempo de gracia que Dios le ha dado, tiempo en el que vive la Iglesia: tiempo sometido a la irrupción del caos y la nada, pero tiempo protegido precisamente por la existencia de la comunidad civil y por sus esfuerzos en el plano de lo relativo, provisional y externo, para "humanizar" la condición del hombre e impedir que se produzca lo peor.

De este modo la Iglesia ve en el estado el efecto de una disposición de Dios, una constante de su providencia destinada al bien del hombre y que contrabalancea su pecado.

Se trata de una exousía, de un "poder" creado en Cristo (Col 1, 16), incapaz de separarnos del amor de Cristo (Rm 8, 37), entregado al Señor (Mt 28, 18). Por esto, la actividad del estado como tal es servicio de Dios; por más que pueda pervertirse adoptando la figura de Pilatos, no cesa de obrar en virtud del poder recibido de Dios (Jn 19, 11) y es esto mismo lo que mide la gravedad de su perversión.

Así la comunidad cristiana, como círculo más pequeño en el interior del círculo más vasto de la comunidad civil, comparte con ella su origen y su centro: el estado no posee una existencia separada del reino de Cristo ni se autofundamenta, sino que es un "indicador" (Sxponent) del Reino. Si esto es así, la cuestión de saber qué actitud concreta implica este reconocimiento del estado por parte de la Iglesia en una situación concreta puede permanecer abierta, pero queda excluida de raíz una actitud: la indiferencia política, la existencia de un cristianismo despolitizado. No puede existir una Iglesia neutra frente a una institución tan estrechamente ligada con su propia tarea.

COMUNIDAD CRISTIANA Y COMUNIDAD CIVIL (2)


Diferencias entre ambas comunidades

La comunidad civil engloba a todos los ciudadanos, cristianos o no. Por esto es incapaz de concienciar homogéneamente su relación con Dios, y no puede apelar a la Palabra o al Espíritu para establecer su orden propio. En sí misma es espiritualmente ciega e ignorante: no tiene la fe ni el amor ni la esperanza. En ella, no hay confesión de fe, ni mensaje que anunciar, no se reza ni se es hermano o hermana. A nivel religioso - "religión" es la única palabra que tiene para designar el ámbito propio de la Iglesia- su sabiduría suprema es la tolerancia. Por esta razón sus tareas son siempre exteriores, relativas, provisionales. Por lo mismo ha de cargar con métodos de coacción física - "brazo secular"-, extraños por definición a la comunidad cristiana. le falta lo que es esencial a la Iglesia: la ecumenicidad. La ciudad tiene muros; está más o menos cerrada con relación a otras, con los conflictos que esto supone. Por esto le falta correctivo o defensa para poder esquivar una doble tentación: la de descuidar sus instituciones o la de erigirlas en absolutos, tentaciones que constituyen la causa de su ruina. Vista desde la Iglesia, la "otra" comunidad aparece en su carácter frágil, vulnerable y provisional.

Sin embargo, la comunidad cristiana no puede mirar con paternalismo al estado. ¿Se puede establecer una clara línea divisoria entre creyentes sinceros y dudosos? Ni la Palabra ni el Espíritu están a nuestra disposición. Puede haber iglesias muertas, sin fe, sin esperanza, y sin amor. Es verdad que la Iglesia ha renunciado a la coacción física, pero de hecho esto se debe a que no tiene posibilidad alguna de emplearla. Tampoco faltan en el seno eclesial luchas emprendidas para asegurarse posiciones de dominio. Y la ecumenicidad ha faltado tanto que ha sido necesario crear un movimiento ecuménico especial.

COMUNIDAD CRISTIANA Y COMUNIDAD CIVIL (1)



Karl Barth, suizo, fue un influyente teólogo reformado, considerado uno de los pensadores cristianos del siglo 20. Desde su experiencia pastoral, hizo teología poniendo énfasis en la soberanía de Dios con su innovadora “doctrina de la elección.”




COMUNIDAD CRISTIANA Y COMUNIDAD CIVIL

Christengemeinde und Bürgergemeinde, Theologische Studien 20, Zollikon-Zurich (Stuttgart 1946), 46 pp. Esta es una tradución y adaptación de Antonio Pascual Piqué.





COMUNIDAD ECLESIAL Y ESTATAL


Entiendo por "comunidad cristiana" lo que designamos ordinariamente por "Iglesia" y por "comunidad civil" lo designado como "Estado". La aplicación de un mismo término a dos ámbitos distintos subraya la relación positiva entre estas dos realidades, haciéndonos comprender que se trata aquí de hombres concretos reunidos en una entidad común a fin de proyectar y llevar a término tareas comunes, y no sólo de instituciones. Por otra parte, el término "comunidad" aplicado al estado recuerda a los cristianos que existe una comunidad distinta de la de su marco particular: la civil.

Precisemos rápidamente los términos: La comunidad cristiana es el conjunto de habitantes de una misma localidad, región o país, que han sido llamados de entre los demás y han sido reunidos a causa del común reconocimiento de Jesucristo y la vocación que han recibido de anunciar su nombre. La razón de ser, el sentido y el fin de esta asamblea (ekklesía) es la participación de una forma de vida común creada únicamente por el Espíritu, vida de sometimiento a la palabra de Dios en Jesucristo, palabra oída, que debe ser reescuchada incesantemente y se ha de transmitir. El rostro interno de esta comunidad es la expresión unánime de la fe, del amor y de la esperanza.

Su rostro externo es la confesión de fe aceptada por todos, el ejercicio colectivo de la responsabilidad del anuncio del nombre de Jesucristo, la adoración y la acción de gracias hechas en común. Por esto cada comunidad cristiana en sí misma es ecuménica - es decir, católica- por definición, solidaria -hasta la unidad- con todas las comunidades cristianas que existen.

La comunidad civil es, a su vez, el conjunto de habitantes de una misma localidad, región o país, ligados entre sí por un estatuto legal, válido y obligatorio para todos, establecido y garantizado por la sujeción. La razón de ser, el sentido y el fin de esta comunidad – tarea política – consiste en asegurar a los individuos una libertad exterior, relativa y provisional, y al conjunto una paz también relativa, exterior y provisional, a fin de garantizar al marco de la vida individual y colectiva un rasgo de humanidad. Sus medios principales son las leyes que determinan el orden válido para todos, el gobierno y la administración, que asegura la aplicación práctica de las leyes y el aparato judicial que dirime en caso de duda o conflicto.

jueves, 20 de septiembre de 2012

HACIA UNA HERMENEÚTICA CONTEXTUAL (2ª parte)


I. TRES ACERCAMIENTOS A LA ESCRITURA











































































Hablando en términos generales, existen tres acercamientos a las Escrituras, según la actitud que hacia la hermenéutica adopta el intérprete: el acercamiento intuitivo, el acercamiento científico y el acercamiento contextual.

a. El acercamiento intuitivo

Hace más de un siglo Hudson Taylor, el fundador de la Misión al Interior de China, escribió una carta a una señorita Desgraz en la que dio a conocer lo que más tarde habría de considerarse como su "secreto espiritual". Después de citar las palabras de Jesús según Juan 7:37, "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba," Taylor agregó: 

¿Quién hay que no tenga sed? ¿Quién no tiene sed intelectual, sed del alma, sed del corazón o sed del cuerpo? Pues no importa cuál sea o si yo las tuviere todas, "Venga a mí y" ¿permanezca sediento? ¡Ah, no! "Venga a mí y beba".

¿Qué? ¿Puede Jesús satisfacer toda mi necesidad? Si, y mucho más que eso. No solo me promete bebida que apague mi sed. ¡No, mejor que eso! "El que cree en mí (el que yo he dicho), de adentro de él fluirá..."

¿Acaso es posible? ¿Habrá refrigerio para lo árido y lo sediento -humedecidas las tierras quemadas, refrescados los lugares áridos- pero más todavía, que sea tan saturada la tierra que broten las fuentes y fluyan los ríos? Si, las será. Y no meros riachuelos, llenos mientras duran las lluvias, luego secos otra vez... pero "de adentro de él fluirán ríos" -ríos como el potente Yang-tze, siempre llenos, siempre profundos. En tiempo de sequía pueden secarse los ríos, vaciarse los canales, pero el Yang-tze ¡jamás! Es siempre una corriente vastísima que fluye honda irresistiblemente.[1]

La lectura que hace Taylor de las palabras de Jesús pronunciadas en la fiesta de los tabernáculos en el primer siglo en Jerusalén, ilustra el acercamiento a las Escrituras que muchos cristianos adoptan en todas partes. Viene el caso hacer aquí algunas observaciones sobre el mismo. 

1. El interés principal del intérprete se relaciona con la pertenencia y apropiación personal del mensaje a su propia situación. Las consideraciones hermenéuticas se dejan a un lado o bien se minimizan. En términos técnicos, el Sitz im Leben (la situación vital) desaparece, y el Sitz in Glauben (la situación de fe) se vuelve prominente. Se da por sentado que el lector moderno tiene acceso directo al significado del texto antiguo, siempre que pueda leerlo en su propia lengua. No hay conciencia alguna del papel del contexto histórico tanto en relación al texto como en relación al intérprete moderno. El supuesto básico es que la situación del lector contemporáneo coincide en buena medida con la situación representada por el texto original. El proceso interpretativo es el que aparece en el Diagrama 1. 














2. El valor de este acercamiento está en que destaca tres hechos esenciales para la hermenéutica bíblica. 

Primero, que las Escrituras estaban destinadas a la gente común, y no exclusivamente a los teólogos profesionales. (¿Acaso no fue el descubrimiento de esta verdad lo que llevó a los reformadores del siglo XVI a traducir y hacer circular la Biblia en lenguas vernáculas?)[2]

Segundo, hay un misterio en torno a las Escrituras, en el sentido de que la Palabra de Dios está dada en palabras humanas, y se las entiende mediante la iluminación del Espíritu Santo.

Tercero, que el propósito de las Escrituras no se reduce meramente a una aprehensión intelectual de la verdad, sino que implica una sumisión consciente a la Palabra de Dios que se hace oír en las Escrituras. Con las limitaciones que corresponden (como se verá más adelante), estos tres hechos revisten una importancia particular en momentos en que, en las palabras de Robert J. Blaike, "Sólo mediante la erudición sacerdotal de los 'críticos bíblicos' puede el hombre común recibir la doctrina de la Palabra de Dios.[3]

Por otro lado, el acercamiento intuitivo puede llevar fácilmente a alegorizaciones en las que se pierde el sentido literal del texto. Alguien ha dicho que la alegoría es la hija de la piedad y, en efecto esto ha sido corroborado por la historia de la interpretación bíblica desde los tiempos de los padres de la iglesia primitiva hasta la época moderna. Las interpretaciones fantásticas de teólogos tan reputables como Orígenes y Agustín, Lutero y Calvino, constituyen ilustraciones más o menos sofisticadas de un acercamiento a la Biblia inspirado en una actitud piadosa. Es la misma perspectiva que adoptan muchos predicadores modernos en su esfuerzo por lograr que el mensaje bíblico resulte relevante en su propia situación. La pregunta que corresponde plantearle a este acontecimiento si la apropiación del mensaje bíblico es posible sin violentar el texto bíblico.


b. El acercamiento científico (continúa)




[1] Howard y Geraldine Taylor. El secreto espiritual de Hudson Taylor. Chicago : Moody, s/f. pp. 180-181.

[2] "Todos los reformadores del siglo XVI, trátese de Lutero, Zwinglio o Calvino, creían que en las Escrituras Dios hablaba en la misma forma en que lo había hecho en los primeros días a los profetas y apóstoles. Creían que si el pueblo común tuviese las Escrituras en una lengua en que pudiese entender, o podrían oír a Dios hablándoles directamente, y podrían acudir a Él en busca de consuelo, calor o instrucción; y la descripción que hacían de lo que para ellos eran las Sagradas Escrituras, es simplemente el modo de decir que todos los creyentes pueden tener acceso a la misma presencia de Dios. Las Escrituras eran para ellos, por lo tanto, una revelación personal más bien que dogmática. Relatan la experiencia de una comunión con Dios disfrutada por sus santos en épocas pasadas, que todavía puede ser compartida por los fieles. En la historia de la Biblia, como lo concebían los reformadores, oímos dos voces: la voz de Dios que le habla con amor al hombre y la voz del hombre renovado respondiéndole a Dios en fe. Esta comunión no es algo muerto que pertenece a una época pasada; puede ser compartida aquí y ahora." (T. M. Lindsay, citado por Allan M. Stibbs en: Understanding God's Word, Londres : The Inter Varsity Fellowship, 1970. p. 27) 

[3] Secular Christianity and God Who Acts. Londres : Hodder and Stoughton,1970. p. 27

miércoles, 19 de septiembre de 2012

HACIA UNA HERMENEÚTICA CONTEXTUAL (1ª parte)


Por René Padilla*

El problema básico de la hermenéutica bíblica consiste en transportar el mensaje bíblico de su contexto original del locutor u oyente moderno, a fin de producir en él, el mismo tipo de impacto que dicho mensaje quiso producir en los lectores u oyentes originales. Otro modo de expresar esto, sería decir que la hermenéutica es esencialmente la ciencia y el arte de explicar en una situación histórica moderna la Palabra de Dios que originalmente fue explicada en un medio ambiente hebreo o grecorromano, con el propósito de lograr que la vida de los lectores u oyentes se conformen a la voluntad de Dios. Entendida en estos términos, la hermenéutica está fuertemente ligada a la situación del intérprete. Tiene que ver con esa Palabra de Dios que sólo puede ser comprendida y apropiada o aceptada en la medida en que se hace "carne" en una situación histórica específica, con todas sus formas culturales[1] y todos sus factores políticos, sociales y económicos concretos.
La importancia de tener conciencia de las particularidades de la situación, y del papel que cumplen en la tarea de hacer que el mensaje bíblico cobre significado dentro de un contexto histórico dado, es algo que no se puede exagerar. El presente trabajo intenta sugerir una hermenéutica que tome en serio la situación y que haga posible que el mensaje bíblico registrado en textos antiguos tome contacto con la situación de los lectores y oyentes modernos, pero que al mismo tiempo se mantenga fiel a su propósito original. En la primera parte describiré tres diferentes acercamientos a las Escrituras, según la importancia que se le acuerda a la situación. En la segunda parte propondré un círculo hermenéutico como un medio esencial para relacionar el mensaje bíblico con el contexto histórico. Finalmente, en la tercer parte bosquejaré las implicaciones de este acercamiento para la contextualización del Evangelio.


I. TRES ACERCAMIENTOS A LA ESCRITURA

Hablando en términos generales, existen tres acercamientos a las Escrituras, según la actitud que hacia la hermenéutica adopta el intérprete: el acercamiento intuitivo, el acercamiento científico y el acercamiento contextual . . .(Continúa)


_________________________________


 *Artículo extraído de la Revista Digital 'Encuentro y Diálogo N°1 Año 1984'.
[1] En este trabajo, la palabra "cultura" se emplea en un sentido amplio. Incluye no solamente las habilidades técnicas, el estilo de vida, las actitudes y los valores de un pueblo, sino también sus modos de pensar, sus procesos cognitivos y sus maneras de aprender, todo lo cual en última instancia expresa un compromiso religioso.