La libertad comprometida de la Iglesia
Esta corresponsabilidad no significa tener que representar y defender una teoría propia referente a la estructura y sustancia del estado: la Iglesia no está capacitada para ello.
El ejercicio de la corresponsabilidad significa que la Iglesia busca humanamente la mejor forma de estado, pero lo hace consciente de los límites de cualquier realización humana en este dominio. Y lo que es decisivo: ante todas las concepciones políticas del momento tiene el deber, dado que anuncia el Reino, de hacer valer sus esperanzas y sus preguntas. Ante todas las realizaciones políticas, porque ninguna de ellas se identifica con el Reino, la Iglesia espera la "ciudad que tiene fundamento sólido porque Dios es su arquitecto y constructor" (Hebreos 11:10) y se confía a la Palabra que lo sostiene todo, incluso las realidades políticas.
De este modo la Iglesia es libre ante todos los sistemas políticos. Sólo así se puede responsabilizar de la forma y realidad de la comunidad civil en un sentido muy preciso. Al preguntarse qué quiere ante Dios en el plano político ejerce su corresponsabilidad política. En cada caso concreto, utilizando como criterio el conocimiento que tiene de su Señor, Señor de toda la realidad, ha de "discernir" entre el estado justo y el injusto, entre orden y arbitrariedad, entre poder y tiranía, entre libertad y anarquía, entre comunidad y colectivismo, entre derechos de la persona e individualismo. Según el juicio que se haya formado podrá escoger y querer determinado régimen y rechazar otro, comprometiéndose por uno y oponiéndose al otro. Tal actitud de discernimiento, juicio, elección, compromiso y decisiones prácticas define la corresponsabilidad política de la Iglesia: es así como la Iglesia se "somete" a la comunidad civil.
Fin del artículo
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