sábado, 29 de septiembre de 2012

CULTURA y CONTRACULTURA

Por Victor J. Griffiths
Iglesia y Misión, no.02, 1982; nota 8

Jorge A. Leon, en su libro ¿Es posible el hombre nuevo?, afirma que la redención cristiana es inclusiva, es decir, que asume los intentos que otras líneas de pensamiento están haciendo en pos de la renovación humana. En otras palabras, este autor postula la necesidad de un acercamiento interdisciplinario al hombre y su problemática. Cabe consignar que su apertura a las contribuciones de otras disciplinas de ningún modo excluye la obra de Cristo y el arrepentimiento del hombre como condiciones insoslayables para la redención del individuo.[1] Por nuestra parte, agregaríamos otro requisito que este diálogo interdisciplinario debe llenar: cualquier aporte de las ciencias humanas deberá ser sometido al juicio de la Palabra de Dios y salir airoso.

Aceptamos el punto de vista de León y consideramos que los descubrimientos de las ciencias humanas, específicamente los de la sociología, la antropología social y la sicología social, resultarán significativos en la interpretación y práctica de Romanos 12:2, versículo que hemos adoptado como punto de partida y piedra fundamental de nuestra sección. 


Algunas definiciones teóricas


Ante todo, mencionaremos y definiremos (desde la perspectiva de las ciencias sociales nombradas) algunos términos que emplearemos de ahora en más. 

 

Cultura

Alfred L. Kroeber y Clyde Kluckhohn afirman que “consiste en patrones, explícitos o implícitos, de y para la conducta, adquiridos y transmitidos por medio de símbolos, que constituyen los logros distintivos de los grupos humanos y comprenden sus materializaciones en instrumentos; el núcleo de la cultura consiste en ideas de carácter tradicional (derivadas y seleccionadas históricamente) y en especial en los valores implicados por ellas”.[2] Este término se refiere, en conclusión, al modo de vida de un grupo social que incluye una forma particular de pensar, hacer y sentir. 

Valores

Un valor es “un principio de conducta abstracto y generalizado respecto del cual los miembros del grupo sienten un fuerte compromiso positivo, emocionalmente teñido, y que provee un criterio para juzgar actos y metas específicas... Los valores proveen los criterios de conducta generalizados que se expresan de modo más específico y concreto en normas sociales...”[3] En síntesis, se trata de contenidos vitales que determinan el comportamiento de los participantes de una cultura determinada.
 

Socialización

Este término describe “el proceso social básico por el cual un individuo llega a integrarse a un grupo social a través del aprendizaje de la cultura del grupo y de su rol en el grupo. Según esta definición la socialización es un proceso que dura toda la vida. En la niñez tiene lugar una fase crítica cuando el niño internaliza los valores, actitudes, capacidad, y roles que forman su personalidad y que resultan en su integración a la sociedad”.[4] Cabe consignar que socialización es sinónimo de “endoculturación” y “enculturación”.
 

Contracultura

Esta palabra designa “un tipo particular de subcultura que rechaza ciertos valores y normas sociales específicos de la cultura dominante y acepta deliberadamente otros de carácter contrario. De hecho, el sistema normativo y de valores de la contracultura sólo puede ser comprendido si se tiene en cuenta su carácter de oposición a la cultura dominante...”[5]
 

Una paráfrasis a partir de las ciencias sociales


Proponemos a nuestros lectores, a modo de conclusión, una nueva lectura de Romanos 12:2, incorporando las conceptualizaciones precedentes:

“Hermanos, a lo largo de sus oídas han ido incorporando, internalizando diferentes valores de su cultura. No les pido que renuncien a todas las normas que su medio cultural les ha comunicado (tamaña tarea no sólo sería imposible sino ajena a los propósitos divinos), pero sí que descubran, a la luz de las Escrituras y en espíritu de oración, aquellos valores que están en contradicción con los evangélicos. Tomar distancia con respecto a la cultura en la cual estamos insertados a fin de evaluarla, no es de modo alguno una empresa sencilla, pero sí necesaria y urgente. Jesucristo –la Palabra de Dios– con su oída y su enseñanza, nos ha revelado inequívocamente los valores del Reino de Dios y ha instaurado una contracultura. Si se despojan diariamente de los valores mundanos y abrazan los cristocéntricos, descubrirán el verdadero sentido de la vida al tiempo que permitirán al mundo contemplar las primicias de un nuevo orden, un nuevo hombre, una nueva sociedad. Amén”.

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NOTAS
1. Jorge A. León, ¿Es posible el hombre nuevo?, Ediciones Certeza, Buenos Aires, 1979, capítulo tercero.
2. G. A. Theodorson, A.G. Theodorson, Diccionario de Sociología, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1978, p. 70.
3. Ibíd., p. 303.
4. Ibíd., p. 265.
5. Ibíd., p. 60.

jueves, 27 de septiembre de 2012

HACIA UNA HERMENEÚTICA CONTEXTUAL (4ª parte)

c. El acercamiento contextual

Los dos acercamientos anteriores a las Escrituras son unilaterales: no le hacen justicia al contexto histórico original del texto bíblico o al contexto histórico de los lectores u oyentes modernos. En consecuencia, no hay posibilidad de entablar un diálogo significativo entre el pasado y el presente. En el modo intuitivo, el mensaje bíblico se adapta prematuramente a las necesidades contemporáneas en obsequio a la actualización. En el modo de acercamiento científico, por otra parte se considera el mensaje bíblico en su contexto original, pero su significado es trasladado a un mundo que, claramente, no es el nuestro. ¿Cómo podemos salvar el abismo existente entre el pasado y el presente? ¿Cómo puede el mensaje registrado en los documentos antiguos hablarle al intérprete en su realidad concreta, sin perder su significado original? Una cantidad de exégetas se han dedicado ha estudiar este problema. Aquí me voy a limitar a proponer una manera de lograr que nuestro mensaje sea tanto bíblico como contemporáneo, por medio de un acercamiento que combina ideas positivas derivadas de la hermenéutica clásica con otras derivadas del debate hermenéutico moderno: el acercamiento contextual.

En este acercamiento se adoptan equilibran los supuestos básicos de los dos acercamientos mencionados anteriormente, es decir, que el contexto del lector contemporáneo tiene mucho en común con el del contexto original del mensaje bíblico y éste puede por consiguiente apropiarse hoy, y que el mensaje bíblico sólo puede entenderse correctamente a la luz de su contexto original. Tanto el contexto del texto antiguo como el contexto del lector moderno reciben el peso que les corresponde. La meta es que el horizonte de la situación histórica contemporánea se fusione con el horizonte del texto, de manera tal que el mensaje proclamado en la situación contemporánea sea un equivalente dinámico del mensaje proclamado en el contexto original. En su forma más simple, el proceso interpretativo puede verse en el diagrama 3. 


Diagrama 3


En forma simplificada, el Diagrama 3 pone manifiesto el fin que persigue el acercamiento contextual. Ilustra la importancia que tiene el contexto histórico para el mensaje bíblico, tanto en su forma original como en la contemporánea. No existe algo así, como un mensaje bíblico separado de un contexto histórico particular.

Sin embargo, la representación del proceso interpretativo que se da en la transposición del mensaje bíblico de su contexto original a un contexto contemporáneo, requiere mayor elaboración. Intentaré hacerla describiendo el proceso como un círculo hermenéutico.
 


(Continúa...)

HACIA UNA HERMENEÚTICA CONTEXTUAL (3ª parte)


(viene de la 2ª parte)


b. El acercamiento científico


Para el que tenga comprensión aunque sea superficial del papel de la historia y la cultura en relación con la exégesis bíblica, la importancia de los estudios lingüísticos e históricos para la interpretación de la Escritura es algo que resulta obvio. Si el tema central de la Biblia es la acción de Dios en la historia que alcanzó su culminación en la persona y la obra de Jesucristo, luego es imposible entender el mensaje bíblico aparte de su contexto histórico original. La materia prima de la teología no la constituyen conceptos abstractos, ajenos al tiempo, que pueden tomarse meramente de la Escritura simpliciter como la Palabra de Dios, sino más bien un mensaje cuya narración o interpretación están coloreadas por las culturas semíticas y greco-romana de los autores bíblicos. Por lo tanto, una de las tareas básicas de la teología es la construcción de un puente entre los lectores u oyentes contemporáneos y los autores bíblicos valiéndose del método histórico, cuyo supuesto básico es el de que la Biblia no puede entenderse aparte de sus contextos históricos originales.


Este es el acercamiento que adopta una gran mayoría de los eruditos bíblicos que se dedican al estudio académico de las Escritura. Pero es también el acercamiento que prefieren los cristianos cultos interesados en "el estudio serio de la Biblia" (por contraste con la simple lectura de la Biblia). ¿Qué hemos de decir en relación con este acercamiento?




1. El interés principal del intérprete está en entender el mensaje bíblico, orientado por la convicción de que lo que se necesita para que dicha comprensión sea posible es volver al Sitz im Leben de los autores bíblicos. Por lo tanto, su esfuerzo consiste en extraer, por medio de la exégesis histórico-gramatical, aquellos elementos más universales que el antiguo texto de la Escritura transmite. Dichos elementos pueden luego aplicarse a los lectores u oyentes modernos, pero a esta tarea se la concibe generalmente como una tarea que se desarrolla fuera del campo de la erudición bíblica, y que debe reservarse para los predicadores o los escritores devocionales. El proceso de interpretación es el que se sugiere en el Diagrama 2.




2. El valor de este acercamiento está en que da relieve a la naturaleza histórica de la revelación bíblica. En cierto modo, la interpretación bíblica amplía el abismo entre la Biblia y los lectores y oyentes modernos. Al hacerlo, no obstante, da testimonio del hecho de que la Palabra de Dios hoy tiene que ver con la Palabra de Dios que fue dicha en los tiempos antiguos por los profetas y apóstoles. A menos que el intérprete moderno permita que el texto hable a partir de su situación original, no tiene ninguna base para sostener que su propio mensaje tiene continuidad con el mensaje registrado en las Escritura. Si los eventos de la revelación y su interpretación, que constituyen el contenido de la Escritura, se han de tomar seriamente, entonces, ningún intérprete tiene derecho a dedicarse libremente a la eiségesis: su tarea consiste en actualizar el pasado, y la actualización está relacionada con acontecimientos históricos únicos que están inexplicablemente ligados a significados normativos (si bien no exhaustivos) y son contemporáneos de todas las generaciones subsiguientes.


3. La limitación del acercamiento científico a las Escrituras per se está en que supone para el intérprete una "objetividad" que (como sostiene la "nueva hermenéutica")[1] es tanto imposible como inaceptable. Imposible, porque inevitablemente el intérprete se acerca al texto con presupuestos que colorean su exégesis. Inaceptable, porque la Biblia sólo puede entenderse correctamente en la medida en que se lea en una actitud de participación y se le permita expresarse en relación con la situación en que uno se encuentra. La tarea hermenéutica no consiste solamente en definir el significado original del texto. Además el intérprete no puede suponer que el único contexto histórico concreto que tiene que tomar en cuenta es el contexto histórico relacionado con el texto, como si él mismo fuese un ser ahistórico. La hermenéutica tiene que ver con la transposición del mensaje bíblico de su contexto histórico original al contexto histórico del intérprete moderno, de modo tal que el texto escrito en el pasado haga un impacto en el presente.


El acercamiento de la crítica histórica está en bancarrota puesto que no ha logrado que en la interpretación de las Escrituras el pasado cobre vida e ilumine el presente.


La tarea hoy es cultivar un acercamiento que permita que la fe cumpla una función crítica en relación a la crítica bíblica.



[1] Sobre los valores positivos y las limitaciones de la "nueva hermenéutica", véase A. C. Thiselton, "The New Hermennutics". New Testament Interpretation. Howard Marshall, ed. Exeter : The Paternoster Press, 1977. pp. 308 ss.


miércoles, 26 de septiembre de 2012

Evangelizar y servir

John R.W. Stott

 

 

La misión cristiana hoy

Iglesia y Misión Nº01, 1982; nota 13


 
 
 
 
 
AQUI TENEMOS, por lo tanto, dos mandatos de Jesús: un gran mandamiento a “amar al prójimo”, y una gran comisión a “ir y hacer discípulos”. ¿Qué relación hay entre los dos? Algunos obramos como si creyésemos que son idénticos, de tal manera que si compartimos el evangelio con alguno, creemos haber completado la obligación de amarlo. Pero no es así. La Gran Comisión ni explica, ni agota, ni reemplaza al Gran Mandamiento, Lo que hace es agregarle al requisito de amar al prójimo y servir al prójimo una nueva y urgente dimensión cristiana. Si realmente amamos a nuestro prójimo no cabe duda de que compartiremos con él las buenas nuevas del Señor Jesús. ¿Cómo podemos afirmar que lo amamos, si conocemos el evangelio pero nos rehusamos a comunicárselo? Igualmente, sin embargo, si realmente amamos a nuestro prójimo no nos limitaremos a evangelizarlo. Nuestro prójimo no es un alma incorpórea para que podamos limitarnos a amar su alma, ni tampoco es un cuerpo sin alma para que podamos ocuparnos de su bienestar físico solamente, ni tampoco un cuerpo con alma aislado de la sociedad. Dios creó al hombre, que es mi prójimo, como un cuerpo con alma, integrado en una comunidad. Por lo tanto, si amamos a nuestro prójimo tal cual Dios lo hizo, inevitablemente tendremos que ocuparnos de su bienestar total: el bien de su alma, de su cuerpo y de su vida comunitaria. Más todavía, es esta visión del hombre como ser social, tanto como psicosomático, la que nos obliga a agregar la dimensión política a la preocupación social. La actividad humanitaria se ocupa de las víctimas de una sociedad enferma. Nosotros tendríamos que ocuparnos de la medicina preventiva o de la salud comunitaria también, lo cual significa la búsqueda de estructuras sociales mejores en las que la paz, la dignidad, la libertad y la justicia estén aseguradas para todos los hombres. No hay razón que nos impida, en la prosecución de esta tarea, unir fuerzas con todos los hombres de buena voluntad, aun dado el caso de que no sean cristianos.

En síntesis, como el Señor Jesús, hemos sido enviados al mundo para servir. Porque ésta es la expresión natural de nuestro amor hacia el prójimo. Porque amamos vamos y servimos. Y al hacer esto no tenemos (o no debiéramos tener) motivos ulteriores. Cierto es que al evangelio le falta visibilidad si nos limitamos a predicarlo, y le falta credibilidad si los que lo predicamos sólo mostramos interés en el alma y no nos preocupamos por el bienestar corporal de la gente, ni por sus circunstancias o su situación comunitaria. Sin embargo, la razón que nos lleva a aceptar responsabilidad en lo social no se basa principalmente en el deseo de dar visibilidad o credibilidad al evangelio, pensando que de otra manera no los tendría, sino más bien simple y sencillamente en la compasión. El amor no necesita justificarse. No hace sino expresarse por medio del servicio dondequiera que ve que hay necesidad.

domingo, 23 de septiembre de 2012

COMUNIDAD CRISTIANA Y COMUNIDAD CIVIL (5)



La libertad comprometida de la Iglesia


Esta corresponsabilidad no significa tener que representar y defender una teoría propia referente a la estructura y sustancia del estado: la Iglesia no está capacitada para ello.

El ejercicio de la corresponsabilidad significa que la Iglesia busca humanamente la mejor forma de estado, pero lo hace consciente de los límites de cualquier realización humana en este dominio. Y lo que es decisivo: ante todas las concepciones políticas del momento tiene el deber, dado que anuncia el Reino, de hacer valer sus esperanzas y sus preguntas. Ante todas las realizaciones políticas, porque ninguna de ellas se identifica con el Reino, la Iglesia espera la "ciudad que tiene fundamento sólido porque Dios es su arquitecto y constructor" (Hebreos 11:10) y se confía a la Palabra que lo sostiene todo, incluso las realidades políticas.

De este modo la Iglesia es libre ante todos los sistemas políticos. Sólo así se puede responsabilizar de la forma y realidad de la comunidad civil en un sentido muy preciso. Al preguntarse qué quiere ante Dios en el plano político ejerce su corresponsabilidad política. En cada caso concreto, utilizando como criterio el conocimiento que tiene de su Señor, Señor de toda la realidad, ha de "discernir" entre el estado justo y el injusto, entre orden y arbitrariedad, entre poder y tiranía, entre libertad y anarquía, entre comunidad y colectivismo, entre derechos de la persona e individualismo. Según el juicio que se haya formado podrá escoger y querer determinado régimen y rechazar otro, comprometiéndose por uno y oponiéndose al otro. Tal actitud de discernimiento, juicio, elección, compromiso y decisiones prácticas define la corresponsabilidad política de la Iglesia: es así como la Iglesia se "somete" a la comunidad civil.



Fin del artículo

COMUNIDAD CRISTIANA Y COMUNIDAD CIVIL (4)



CORRESPONSABILIDAD POLÍTICA



Con todo, es totalmente necesario que la Iglesia se mantenga siendo lo que es. No podría resultar nada bueno para la comunidad civil si la cristiana intentara disolverse en el seno del estado, renunciando a su misión particular: el anuncio de la soberanía de Jesucristo y la esperanza del Reino que viene. Anuncio que la comunidad civil tiene absoluta necesidad de oír, porque no puede dar respuesta a las "grandes preguntas" y porque, en definitiva, no puede afrontar airosamente la bybris humana y el caos consecuente. En lo que a esto respecta no puede menos de reconocer que la palabra y la ciencia última están en otro lugar.

Por otra parte es imposible que la comunidad cristiana deje de existir: los hombres no podrían ya oír la voz que proclama, en última instancia, la única esperanza y el socorro último del que tienen absoluta necesidad.

Por esto la comunidad cristiana participa en la civil en la medida en que cumple su tarea propia fielmente: al creer en Jesucristo y anunciarlo, reconoce y proclama al que es Señor del mundo y de la Iglesia. Y sus miembros no pueden dejar de actuar en conformidad con su actitud de fe, de amor y de esperanza. En el marco de la comunidad civil la Iglesia es solidaria del mundo y debe practicar decididamente esta solidaridad. Ora por el mundo y se hace por esto responsable de él. Ora por la ciudad y por esto obra en favor de la ciudad, "sometiéndose" a ella, es decir, corresponsabilizándose (Romanos 13:1).