Por Victor J. Griffiths
Iglesia y Misión, no.02, 1982; nota 8
Iglesia y Misión, no.02, 1982; nota 8
Jorge A. Leon, en su libro ¿Es posible el hombre nuevo?, afirma que la redención cristiana es inclusiva, es decir, que asume los intentos que otras líneas de pensamiento están haciendo en pos de la renovación humana. En otras palabras, este autor postula la necesidad de un acercamiento interdisciplinario al hombre y su problemática. Cabe consignar que su apertura a las contribuciones de otras disciplinas de ningún modo excluye la obra de Cristo y el arrepentimiento del hombre como condiciones insoslayables para la redención del individuo.[1] Por nuestra parte, agregaríamos otro requisito que este diálogo interdisciplinario debe llenar: cualquier aporte de las ciencias humanas deberá ser sometido al juicio de la Palabra de Dios y salir airoso.
Aceptamos el punto de vista de León y consideramos que los descubrimientos de las ciencias humanas, específicamente los de la sociología, la antropología social y la sicología social, resultarán significativos en la interpretación y práctica de Romanos 12:2, versículo que hemos adoptado como punto de partida y piedra fundamental de nuestra sección.
Aceptamos el punto de vista de León y consideramos que los descubrimientos de las ciencias humanas, específicamente los de la sociología, la antropología social y la sicología social, resultarán significativos en la interpretación y práctica de Romanos 12:2, versículo que hemos adoptado como punto de partida y piedra fundamental de nuestra sección.
Algunas definiciones teóricas
Ante todo, mencionaremos y definiremos (desde la perspectiva de las ciencias sociales nombradas) algunos términos que emplearemos de ahora en más.
Cultura
Alfred L. Kroeber y Clyde Kluckhohn afirman que “consiste en patrones, explícitos o implícitos, de y para la conducta, adquiridos y transmitidos por medio de símbolos, que constituyen los logros distintivos de los grupos humanos y comprenden sus materializaciones en instrumentos; el núcleo de la cultura consiste en ideas de carácter tradicional (derivadas y seleccionadas históricamente) y en especial en los valores implicados por ellas”.[2] Este término se refiere, en conclusión, al modo de vida de un grupo social que incluye una forma particular de pensar, hacer y sentir.
Valores
Un valor es “un principio de conducta abstracto y generalizado respecto del cual los miembros del grupo sienten un fuerte compromiso positivo, emocionalmente teñido, y que provee un criterio para juzgar actos y metas específicas... Los valores proveen los criterios de conducta generalizados que se expresan de modo más específico y concreto en normas sociales...”[3] En síntesis, se trata de contenidos vitales que determinan el comportamiento de los participantes de una cultura determinada.
Socialización
Este término describe “el proceso social básico por el cual un individuo llega a integrarse a un grupo social a través del aprendizaje de la cultura del grupo y de su rol en el grupo. Según esta definición la socialización es un proceso que dura toda la vida. En la niñez tiene lugar una fase crítica cuando el niño internaliza los valores, actitudes, capacidad, y roles que forman su personalidad y que resultan en su integración a la sociedad”.[4] Cabe consignar que socialización es sinónimo de “endoculturación” y “enculturación”.
Contracultura
Esta palabra designa “un tipo particular de subcultura que rechaza ciertos valores y normas sociales específicos de la cultura dominante y acepta deliberadamente otros de carácter contrario. De hecho, el sistema normativo y de valores de la contracultura sólo puede ser comprendido si se tiene en cuenta su carácter de oposición a la cultura dominante...”[5]
Una paráfrasis a partir de las ciencias sociales
Proponemos a nuestros lectores, a modo de conclusión, una nueva lectura de Romanos 12:2, incorporando las conceptualizaciones precedentes:
“Hermanos, a lo largo de sus oídas han ido incorporando, internalizando diferentes valores de su cultura. No les pido que renuncien a todas las normas que su medio cultural les ha comunicado (tamaña tarea no sólo sería imposible sino ajena a los propósitos divinos), pero sí que descubran, a la luz de las Escrituras y en espíritu de oración, aquellos valores que están en contradicción con los evangélicos. Tomar distancia con respecto a la cultura en la cual estamos insertados a fin de evaluarla, no es de modo alguno una empresa sencilla, pero sí necesaria y urgente. Jesucristo –la Palabra de Dios– con su oída y su enseñanza, nos ha revelado inequívocamente los valores del Reino de Dios y ha instaurado una contracultura. Si se despojan diariamente de los valores mundanos y abrazan los cristocéntricos, descubrirán el verdadero sentido de la vida al tiempo que permitirán al mundo contemplar las primicias de un nuevo orden, un nuevo hombre, una nueva sociedad. Amén”.
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NOTAS
1. Jorge A. León, ¿Es posible el hombre nuevo?, Ediciones Certeza, Buenos Aires, 1979, capítulo tercero.
2. G. A. Theodorson, A.G. Theodorson, Diccionario de Sociología, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1978, p. 70.
3. Ibíd., p. 303.
4. Ibíd., p. 265.
5. Ibíd., p. 60.