CORRESPONSABILIDAD POLÍTICA
Con todo, es totalmente necesario que la Iglesia se mantenga siendo lo que es. No podría resultar nada bueno para la comunidad civil si la cristiana intentara disolverse en el seno del estado, renunciando a su misión particular: el anuncio de la soberanía de Jesucristo y la esperanza del Reino que viene. Anuncio que la comunidad civil tiene absoluta necesidad de oír, porque no puede dar respuesta a las "grandes preguntas" y porque, en definitiva, no puede afrontar airosamente la bybris humana y el caos consecuente. En lo que a esto respecta no puede menos de reconocer que la palabra y la ciencia última están en otro lugar.
Por otra parte es imposible que la comunidad cristiana deje de existir: los hombres no podrían ya oír la voz que proclama, en última instancia, la única esperanza y el socorro último del que tienen absoluta necesidad.
Por esto la comunidad cristiana participa en la civil en la medida en que cumple su tarea propia fielmente: al creer en Jesucristo y anunciarlo, reconoce y proclama al que es Señor del mundo y de la Iglesia. Y sus miembros no pueden dejar de actuar en conformidad con su actitud de fe, de amor y de esperanza. En el marco de la comunidad civil la Iglesia es solidaria del mundo y debe practicar decididamente esta solidaridad. Ora por el mundo y se hace por esto responsable de él. Ora por la ciudad y por esto obra en favor de la ciudad, "sometiéndose" a ella, es decir, corresponsabilizándose (Romanos 13:1).
Por otra parte es imposible que la comunidad cristiana deje de existir: los hombres no podrían ya oír la voz que proclama, en última instancia, la única esperanza y el socorro último del que tienen absoluta necesidad.
Por esto la comunidad cristiana participa en la civil en la medida en que cumple su tarea propia fielmente: al creer en Jesucristo y anunciarlo, reconoce y proclama al que es Señor del mundo y de la Iglesia. Y sus miembros no pueden dejar de actuar en conformidad con su actitud de fe, de amor y de esperanza. En el marco de la comunidad civil la Iglesia es solidaria del mundo y debe practicar decididamente esta solidaridad. Ora por el mundo y se hace por esto responsable de él. Ora por la ciudad y por esto obra en favor de la ciudad, "sometiéndose" a ella, es decir, corresponsabilizándose (Romanos 13:1).
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